Vigilancia del suelo: lo que las nuevas “normas fundamentales” de la UE deparan para Europa

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La Directiva Europea de Vigilancia del Suelo, adoptada por la Unión Europea a finales de 2025, tiene como objetivo lograr suelos saludables para 2050. La Directiva de Bruselas se basa en un enfoque de ADN ambiental. Se puede aprovechar la experiencia de Francia en la medición de la calidad del suelo, sobre todo porque las mejores herramientas de seguimiento son aquellas que combinan varios enfoques complementarios simultáneamente.

Desde noviembre de 2025, la Directiva europea sobre sostenibilidad y seguimiento del suelo exige que los Estados miembros evalúen periódicamente la biodiversidad del suelo. Requiere un análisis de la diversidad microbiana del suelo (bacterias y hongos) cada seis años basándose en el ADN ambiental o “ADNe”.

Sin embargo, si bien el eDNA es una herramienta poderosa para detectar la biodiversidad a escala, no es suficiente por sí solo para interpretar los cambios observados e identificar sus causas. Esto se debe a que las comunidades de bacterias y hongos representan sólo una parte de la biodiversidad del suelo, que también incluye muchos organismos que desempeñan funciones ecológicas importantes y diversas.

La abundancia, la biomasa y la actividad de los organismos vivos, parámetros que no pueden evaluarse únicamente mediante la detección molecular, también determinan el funcionamiento de los suelos. Por lo tanto, para obtener indicadores confiables y útiles para el trabajo de campo, se requiere un enfoque gradual que combine varios protocolos complementarios.

La trayectoria de Francia con su red de medición de la calidad del suelo (Réseau de Mesures de la Qualité des Sols (RMQS) y GIS Sol) proporciona un punto de referencia para interpretar los resultados y un marco operativo establecido para monitorear la biodiversidad del suelo. Esto podría complementar útilmente el marco legislativo europeo.

ADN ambiental: necesario pero no suficiente

El ADN funciona con un enfoque molecular y, como tal, ofrece ventajas en el seguimiento ambiental, es decir: análisis amplio y estandarizado de la biodiversidad, fuerte comparabilidad espacial y temporal. Estos métodos son herramientas particularmente eficaces para detectar cambios en la composición de las comunidades biológicas.

Sin embargo, las firmas moleculares derivadas del ADNe no siempre nos permiten identificar correctamente los taxones presentes en el suelo. Pueden exhibir un sesgo de representatividad. A menudo se correlacionan mal con otras características biológicas que son esenciales para caracterizar la biodiversidad y el funcionamiento de los ecosistemas del suelo, como la abundancia de organismos, su biomasa, su estructura demográfica o incluso sus actividades. Por lo tanto, proporcionarán una imagen incompleta y a veces distorsionada de la salud del suelo.

Sin embargo, más allá de simplemente detectar cambios en la diversidad, los dispositivos de seguimiento también deben poder interpretar estos cambios, es decir, comprender lo que implican, por ejemplo, para la funcionalidad del suelo en la agricultura, e identificar sus causas. Esto es lo que nos permitirá evaluar la eficacia de las políticas gubernamentales y las prácticas de gestión. En este contexto, reducir la complejidad biológica y ecológica del suelo a este único componente conlleva el riesgo de dificultades de interpretación.

Sin embargo, la Directiva de la UE establece que los Estados miembros pueden complementar los indicadores obligatorios con otros indicadores biológicos en sus mecanismos nacionales de seguimiento, abriendo así la posibilidad de enfoques más integrados.

Herramienta de apoyo al desarrollo de políticas

El monitoreo ambiental tiene dos objetivos distintos y complementarios: identificar cambios en la salud de los ecosistemas y atribuir estos cambios a presiones ambientales, uso de la tierra o prácticas de gestión. Estas dos dimensiones están estrechamente vinculadas por los procesos biológicos y ecológicos que estructuran el funcionamiento de los ecosistemas.

Más allá de su alcance científico, los indicadores utilizados para monitorear la biodiversidad del suelo desempeñan un papel importante en la toma de decisiones gubernamentales. No se trata sólo de identificar las dinámicas dentro de las comunidades biológicas, sino también de comprender sus causas. Por tanto, esto concierne principalmente a los políticos. El objetivo es orientar las prácticas de planificación y gestión sostenible, identificar situaciones que causan degradación, implementar políticas para corregirlas y poder evaluar su efectividad.

Un sistema de monitoreo que se limite a detectar cambios en la biodiversidad del suelo sin considerar la interpretación y explicación de los impactos ambientales proporcionará una base limitada para evaluar políticas públicas e implementar estrategias de manejo apropiadas.

La biodiversidad no es sólo el número de taxones.

Las funciones ecológicas del suelo, como regular el agua y los contaminantes, proporcionar nutrientes, almacenar carbono, mantener la estructura o sustentar la biodiversidad, no son en sí mismos estados estáticos, sino procesos dinámicos. Se basan en la actividad de los organismos vivos, su biomasa y características funcionales (fisiología, comportamiento), así como sus interacciones (competencia, simbiosis, parasitismo). Se expresan en flujos y tasas de renovación, más que en simples stocks.

En este contexto, los enfoques moleculares proporcionan información valiosa sobre la presencia de organismos, pero por sí solos no evalúan estos procesos dinámicos ni su intensidad real. Por lo tanto, una interpretación correcta del funcionamiento del suelo requiere medidas adicionales, así como referencias interpretativas que vinculen los indicadores biológicos con diferentes contextos de uso de la tierra y condiciones ambientales.

Los datos del ADNe se utilizan cada vez más para desarrollar nuevos enfoques, como los basados ​​en redes de interacción, que revelan cómo se organizan las comunidades biológicas del suelo. Cuando estas redes se construyen únicamente a partir de datos de presencia o coocurrencia, reflejan en gran medida cómo las diferentes especies comparten las condiciones ecológicas o los nichos ecológicos.

Esto proporciona sólo información indirecta sobre la actividad biológica en funcionamiento, así como sobre los flujos de materia y energía, que también determinan el funcionamiento del suelo. La interpretación ecológica requiere información adicional, especialmente sobre la abundancia o biomasa de los organismos. Así es como las comunidades biológicas pueden vincularse a procesos ecológicos que sustentan las funciones del suelo.

Un enfoque paso a paso y complementario

Para combinar eficiencia operativa y relevancia ecológica, el monitoreo de la biodiversidad del suelo se beneficia de una combinación de varios tipos de enfoques, cada uno de los cuales proporciona información específica sobre el estado y funcionamiento de las comunidades biológicas.

Los enfoques basados ​​en eDNA permiten una detección generalizada y estandarizada de la biodiversidad microbiana y pueden extenderse a otros organismos como los invertebrados.

Otros métodos se basan en la observación directa de la fauna del suelo, estimando su abundancia o biomasa, o analizando sus características funcionales. Proporcionan información importante sobre la estructura biológica y el papel ecológico de las comunidades del suelo.

Estos enfoques no deben verse como mutuamente excluyentes, sino como herramientas complementarias. Permiten vincular la composición de las comunidades biológicas (estructura taxonómica y funcional) con procesos ecológicos que proporcionan funciones del suelo. Su combinación como tal es particularmente interesante para construir una estrategia de seguimiento con diferentes niveles de información.

Esta lógica de complementariedad ya se aplica en algunas herramientas de seguimiento existentes, como la Red Nacional de Vigilancia del Suelo (RMQS) de Francia o el Observatorio de la Biodiversidad de la Montaña Orshan. No se pretende que estos enfoques sean de aplicación universal, pero su combinación es necesaria para interpretar correctamente el estado y la evolución de la biodiversidad del suelo.

Recomendaciones propuestas para la implementación nacional de la directiva de la UE

Mantener nuestra capacidad de comprender, explicar y actuar requiere que reconozcamos que la complejidad biológica de los suelos requiere una diversidad controlada de enfoques de monitoreo.

Gracias al apoyo de GIS Sol, Francia se encuentra entre los países a la vanguardia del seguimiento de la biodiversidad del suelo. La empresa lleva varios años experimentando con este enfoque, combinando varios protocolos bajo RMQS. Esta experiencia, poco común a escala europea, debería convertirse en la base para la creación de una futura red nacional de seguimiento del suelo en el país.

Además de los indicadores obligatorios, la directiva permite a los Estados miembros complementar sus propios sistemas con indicadores adicionales. Esta flexibilidad les brinda la oportunidad de crear un sistema de monitoreo que no solo puede identificar tendencias en la biodiversidad del suelo, sino también interpretar las causas y oportunidades de recuperación. Esto finalmente nos permite evaluar las implicaciones para las políticas públicas.

Teniendo esto en cuenta, se deben tener en cuenta varios principios al implementar la directiva de la UE a nivel nacional:

No limitar el monitoreo nacional de la biodiversidad del suelo a un solo indicador derivado del ADNe, lo que limita nuestra capacidad de interpretar los cambios observados.

Implementar una combinación de medidas complementarias para vincular la detección de biodiversidad con la estructura comunitaria y los procesos ecológicos que respaldan las funciones del suelo, respaldadas por protocolos y medidas desarrolladas a través de los programas de Investigación y Equipos Prioritarios (PEPR) de Dynabiod y SolsVivants, por ejemplo en Francia.

Desarrollar sistemas de interpretación abiertos y marcos analíticos para evaluar la importancia de los cambios observados para vincular los indicadores biológicos con el uso de la tierra y las presiones ambientales.

Aprovechar los mecanismos de análisis existentes, en particular la red francesa de medición de la calidad del suelo respaldada por GIS Sol, para garantizar la coherencia, comparabilidad y fiabilidad científica de cualquier futuro sistema de seguimiento nacional específico.

Este artículo es una colaboración entre RMQS Biodiversité, varios PEPR de SolsVivants, Dynabiod y RNEST y sus respectivos coautores. Otros participantes son: Apolline Auclerc, Nolwenn Bougon, Miriam Buitrago, Philippe Hinsinger, Claudie Jolivet, Antoine Levesque, Gwenaël Magne, Florence Maunoury-Danger, Jerome Mathieu, Christian Mougin, Laurent Palca, Benjamin Poget, Genola Perez, Sophie Pouzenc, Sophie Rous, Claire Salomon, Marie-Françoise Slack, Wilfried Tueller, Cécile Villeneuve, Quentin Vincent.

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